jueves, septiembre 28, 2006

MEL, HOMERO, JOHN, RICHARD Y DAMIEN

Una vez, Mel Gibson recibió la mejor lección de cine del gran filósofo moderno, Homero Simpson: basta con colocar a un personaje con cara de malvado para rellenar todos los vacíos estructurales de un guión, para que el público lo entienda todo. En fin, para justificar casi dos horas de tedio.

Al parecer, John Moore, director de La Profecía versión 2006, captó muy bien esta enseñanza, ya que trata durante toda la película de justificar este remake innecesario con el ceño fruncido del joven Damien (Seamus Davey-Fitzpatrick).

Clásico inolvidable de las veladas nocturnas de Televisión Nacional, La Profecía original de 1976, es de esos filmes que a pesar de no ser obras maestras cumplen con su objetivo básico: entretener y, en este caso, provocar miedo.

Sucede que el director de esta primera versión es Richard Donner (Arma Mortal, Superman, La Maldición del Halcón, Maverick, Los Goonies), un tipo que a pesar de no ser un maestro sabe que lo suyo es entretener y lo hace bien. Junto con ello, logra que sus películas sean rememorables, pues a pesar del paso del tiempo uno cae en la tentación de ver nuevamente cualquiera de los filmes de su factura.

En el caso de La Profecía, Donner además invitaba al espectador a preguntarse sobre el tema del fin del mundo, del Apocalipsis y de la existencia del demonio. Uno no podía irse a acostar tranquilo, pues se quedaba pensando en la posibilidad de que estuviésemos en las postrimerías de la existencia de la humanidad.

En cambio, John Moore nos deja una gran deuda con esta nueva versión de la historia del advenimiento del Anticristo. Uno entra al cine esperando repetir la experiencia de la niñez, pero queda un tanto decepcionado, incluso el clásico recurso del susto ligero al ver una aparición repentina provocó más risa que miedo entre la gente que estaba conmigo en la sala del cine. Más allá de eso, no hay ningún momento en que un escalofrío nos recorra por la espalda, todo el rato es esperar que luego aparezcan los créditos finales.

Incluso, esperaba ver la relectura de los actuales acontecimientos de la humanidad reinterpretados como señales del armagedon, pero todo es contado tan burdamente que no merecen más análisis.

Es más, la versión original sugiere muertes horribles, más que mostrarlas. Por tanto, era esperable que el gore abundase en el 2006, pero salvo una breve excepción, la sangre brilla por su ausencia.

La verdad, esperaba mucho más. Ni siquiera la cara de malvado del pequeño Damien, acompañado por su fiel y demoníaco rotweiller, logró justificar el gasto en boleterías. Lo siento Homero, pero en esta ocasión tu máxima no rindió los frutos esperados.

A MEDIAS ENTRE LA ÉPICA Y EL SERMÓN DOMINICAL

Para la crítica cinematográfica, siempre ha sido una tentación el buscar puntos de similitud y diferencia entre una película y la novela que la inspiró. Se trata de una tarea sin ningún sentido, pues son dos tipos de manifestaciones artísticas con sus propias reglas y estilos. Por suerte, mi único acercamiento a la obra de C. S. Lewis fue una versión animada de las crónicas de Narnia que vi en la niñez y que no ha logrado retener mi memoria fílmica.

Por otra parte, “El León, la Bruja y el Ropero” de Andrew Adamson, inevitablemente va a ser comparada con la -sobre valorada- trilogía del Señor de los Anillos de Peter Jackson. La conclusión obvia será que la primera es más infantil que la obra basada en las novelas de J.R.R. Tolkien, siendo injustamente subvalorada.

Seamos honestos, a primera vista, la historia de cuatro niños que entran en un ropero, descubren un mundo maravilloso tiranizado por una bruja blanca y que con la ayuda de un león logran liberar, no suena muy alentador que digamos. Pero el gran problema de la película no va por ahí.

Tampoco debemos referirnos a las anteriores obras de Andrew Adamson, aunque se trate del director de Shrek, esas dos películas de animación de tercera dimensión que ironizan en torno a los cuentos de hadas y que, por ello, han sido alabadas por los mismos críticos que consideran que Titanic es una pieza de arte. Porque sinceramente, la historia del ogro verde no es más que una versión más soslayada de los mismos cuentos de hadas que trata de enjuiciar.

Cuenta la historia que C. S. Lewis se convirtió al catolicismo gracias a la influencia de Tolkien -el cristianismo de J.R.R. emana a borbotones por todos los senderos de la Tierra Media-, y él fue quien lo indujo a escribir sus Crónicas de Narnia. Esta imaginería está plasmada en la adaptación fílmica de su obra, especialmente en el León Aslan que resucita por el final de la película o en Edmund que traiciona a sus hermanos por un puñado de… golosinas.

Lamentablemente, para el director de la película estos símbolos son como una piedra en el zapato: molestan, pero no se les puede quitar ante el público. Por lo mismo, no se la juega de una manera adecuada en torno a este tema, no hay un claro desarrollo de este aspecto, ni tampoco se le deja de lado.

Lo mismo sucede con el aspecto épico de toda la historia, que jamás logra arrancar y enganchar como debe y, por ello, el público no se hace absolutamente partícipe de la magna aventura de los hermanos Pevensie. Si tan sólo se hubiese repasado un poco más la trilogía original de la Guerra de las Galaxias -donde sí se sabe manejar la maraña de historias paralelas de la lucha entre el bien y el mal-, más que hacer un burdo homenaje en el capítulo final de la historia, otro gallo cantaría.

La tradición del metal épico en el rock, nos enseña cómo uno puede manejar muchos de los elementos mencionados anteriormente, creando piezas musicales donde la eterna lucha del bien y el mal se desarrolla no sólo en nuestra dimensión real-física, sino que también en el plano de las ideas, de la razón y de los signos-símbolos-alegorías (cada uno puede hacer su propia lista de ejemplos).

Al parecer, Peter Jackson sí escuchó algo de esta música en su juventud, pero Andrew Adamson -que proviene de la misma región- no lo hizo. Le hubiese servido de mucho al llevar adelante una empresa de tal magnitud como fue filmar la primera parte de las Crónicas de Narnia.

COMPOSICIÓN CRÍTICA PARA UNA OBRA INCONCLUSA

El lenguaje cinematográfico es básicamente un idioma muy difícil de manejar, pues está compuesto de una serie de nomenclaturas que, por sí solas, ya conforman una manera de expresarse compleja, con sus propias reglas y señales.
Construir un películas sólo teniendo como pauta el guión, es no entender el cine. Peor todavía si ese libreto peca de ostentoso y uno no puede escarbar más allá de lo que se dice –y no se muestra-. Especial mención amerita el recurso fácil de poner voz en off para llenar espacios de silencio, más aún si son redundantes.
Tomar un par de notas, armar una melodía y utilizarla como motivo de nuestra banda sonora para evocar locura y desesperación, es una falta de noción respecto de lo que significa una banda sonora: diálogos, sonidos y música. Hay ocasiones en que un tema musical está de sobra en una escena y si es una composición melódica, entonces implica una total ignorancia de las reglas fílmicas.
Dejar que tus actores desarrollen sus personajes de tal manera que rellenen los vacíos del guión, es una falta de respeto para el arte histriónico. Otro tema, el teatro y el cine son muy distintos, las actuación teatral implica una pomposidad y dramatismo que no pertenecen al celuloide –salvo contadas y justificadísimas excepciones, que no es el caso-.
Hasta el vestuario importa, si no vayan y miren “La Casa de las Dagas Voladoras”, “Priscila, Reina del Desierto” o cualquier película de Cronenberg. Uno puede elaborar discursos complejísimos a partir de un abrigo rojo o eliminando la “ropa alternativa” de nuestro músico-genio-esquizoide.
¿Todo esto a propósito de qué? En relación a Fuga de Pablo Larraín, la nueva amalgama de referencias cinematográficas que viene a comprobar que en Chile todavía falta para establecer una manera propia de expresión fílmica. Un esfuerzo de cuatro años que comprueba que las ganas no son suficientes para hacer buen cine, que hay que tener algo más –talento quizás-.
No obstante, hay segundos notables en esta película. Esencialmente cuando se adopta esa mirada documental clásica del cine latinoamericano, donde lo habitual se ve alterado por lo extraño o, dicho de otra forma, nuestras tradiciones adoptan una perspectiva de ajenas, casi alienígenas, no encajan en el mundo normal. Colocar a un grupo de locos cantando frente a la cámara es notable y se logró con los mínimos recursos. Después colocamos a esos mismos desadaptados en un coro y la melodía logra esa sensibilidad que se buscó durante los cuatros años de producción. O una cámara deambulando por los pasillos del manicomio es lenguaje cinematográfico puro. Me recordó a Daniel Muñoz observando a la Ciudad de Santiago desde un colectivo en “Taxi para Tres”, esa es poesía.
Hay que perseverar, el principal problema en Chile es creer que la primera será nuestra última película y, por lo mismo, tiene que ser nuestra obra maestra porque ya no tendremos más oportunidades. Mentira. Cada película es un ejercicio, una práctica, un intento, como cuando tomamos la guitarra e intentamos sacar un motivo melódico de Gary Moore, B.B. King o Carlos Santana; lo encaramos sabiendo que se tiene que seguir practicando porque más tarde que temprano resultará algo cercano a la decencia. Si no todos somos como Eliseo Montalbán que, a la primera, compone la mejor pieza musical de toda la historia chilena –¿tal vez tendríamos que perder la cordura para alcanzar la genialidad?-.

CUANDO MÁS ES MENOS

Play, Paréntesis, En la Cama, El Huésped, El Roto: Perjudícame Cariño, Días de Campo, Mi Mejor Enemigo, Se Arrienda, La Última Luna, Salvador Allende, Juegos de Verano, Horcón, El Baño, Las Mujeres No Se Van Al Cielo, Secuestro.

Larga lista, ¿no? Espero no haberme quedado corto. A simple vista pareciera que este ha sido un buen año para el cine chileno. Se han estrenado 15 películas en el 2005, lo que parece todo un récord para nuestra incipiente industria cinematográfica.

Sin embargo, hay que ser honestos: hemos atravesado por uno de los bajones más profundos de nuestra historia. Cuando las expectativas son demasiados altas, el porrazo puede ser muy doloroso.

Ninguno de los títulos anteriores logró los niveles audiencia que El Chacotero Sentimental o Sexo con Amor -que me perdone Raúl Ruiz por medir su obra en términos cuantitativos de audiencia-. Lo que nos coloca en un lugar muy difícil como “industria”, ya que nuestro producto no se vende y eso merma las posibilidades de financiamiento para futuros proyectos cinematográficos.

Además, no podemos hablar de una identidad propia en el cine que se produce en Chile. Aunque Cahiers du Cinema se llene la boca hablando del “Nuevo Cine Chileno”. Cada uno de los títulos anteriores apunta muy distinto y, por más que tratemos, no podemos reunir las partes como si se tratara de un todo.

Y no estoy diciendo que no haya potencial. Por el contrario, es precisamente el desperdicio de las capacidades artísticas de nuestros directores lo que molesta.

Todavía estamos trabajando en tercera división, vemos el tema del cine como un club deportivo sin fines de lucro, que debe ser manejado por dadivosos directivos. Y no lo miramos como una empresa que debe apostar por las utilidades con el fin de poder seguir existiendo.

¿Qué nuestro mercado es pequeño? Mentira ¿Qué al mercado no le interesa financiar el arte? Mentira. Se trata de esfuerzo, sacrificio, colocar el interés común por sobre los honores individuales.
En fin, debemos comenzar a trabajar como industria. Porque el todo es más que cada una de sus partes.

viernes, marzo 17, 2006

UN NIÑO MIMADO DE NOMBRE OSCAR

No puedo negar que me sentí sorprendido, si hubiese apostado en la 78° Ceremonia de entrega de los Premios de la Academia de Hollywood, habría perdido mucho dinero en la categoría de Mejor Película. Es que sinceramente pensé que no había forma de que Brokeback Mountain perdiera el Oscar, aunque a veces esta premiación trae sus sorpresas.

Y no quiero decir que el filme de Ang Lee fuese el mejor del año pasado, sino que es el que más respetó las “normas para obtener la codiciada estatuilla dorada”: ser un dramón; respetar un género clásico; ser realizada por un director bendecido por la Academia; buena fotografía; apoteósica e insustancial; actores preparados para recibir premios y que le encantan a las púberes; partitura musical ideada para obtener reconocimientos y vender discos; y por sobre todo poner en el tapete un tema “polémico” -aunque la verdad, hoy la temática gay es lo que está IN y es lo que más vende dentro del mainstream-, siempre respetando los márgenes de lo “políticamente correcto”.

En este punto del tema, debo hacer necesariamente una aclaración. Por primera vez, en muchos años no tengo ganas de ver ninguna de las películas nominadas en la categoría máxima. Las cinco me excitan menos que una canción de Ricardo Arjona.

Aunque se defienda la tesis de que este año la Academia sólo se centró en películas independientes y provocadoras. Porque digan lo que digan, no se puede hablar de Cine Independiente cuando se está al margen de la maquinaria de Hollywood. Menos todavía se puede decir que hay irreverencia, cuando lo que está en juego no es el arte, sino vender butacas en las salas de cine.

Good Night and Good Luck era mi favorita, simplemente porque es la única que se atreve a hablar temas realmente candentes: como los medios de comunicación manejan la información de acuerdo al Gobierno de turno y al cliente con más dinero. Además, venía respaldada por uno de los niños favoritos de Estados Unidos: George Clooney -como cuando Mel Gibson hizo La Pasión de Cristo para darle una bofetada en la cara a todos los judíos que hoy manejan la industria cinematográfica-.

Clooney tuvo los cojones de decir de manera sofisticada que estamos bajo la “dictadura de los políticamente correcto”. Obviamente no iba a ganar ningún premio. A lo mejor si hubiese puesto algo de plata en que Good Night and Good Luck no ganaba nada, yo hubiese ganado en las apuestas.

Por lo mismo, este año “paso” con respecto a los Oscar. Más todavía cuando tuve que ver como un sobreactuado Philip Seymour Hoffman ganaba el premio a mejor actor, por imitar al sobrevalorado y amanerado Truman Capote -a quien aprendí a odiar en la Universidad por culpa de mis colegas enamorados de su obra e inspirados en su estilo-. Porque yo antes respetaba a este actor y creo que ha hecho cosas mucho mejores.

Bueno a lo mejor, para lo que sirve esta entrega de los Oscar es para que, por fin, pueda volver a estrenarse en Chile, una película de David Cronenberg: A History of Violence.

viernes, enero 06, 2006

UNA NOCHE SOBRENATURAL CON….


“El adiós es un dolor tan dulce querido. No puedes decir que no te hemos hecho pasar un buen rato. Diviértete ahí afuera… en el manicomio”.
BATMAN: ARKHAM ASYLUM
[1]


Hay que ser honestos, hay veces que la naturaleza de las cosas no nos permite ver más allá de la superficie. Nuestros sentimientos -verdaderos Judas de nuestra conciencia-, nos obnubilan y nos llevan por derroteros que nunca imaginamos. Es como si viviéramos en una película sin colores, salvo blanco o negro, bueno o malo, y la Verdad -de veritas- tiene una enorme cantidad de matices, es como apreciar el arco iris en todo su maldito esplendor.

¿De qué va todo esto?

¿A qué me refiero?

En realidad a nada. Simplemente es lo que se me ocurre al pensar en Batman Begins, en Imsomnia o en Memento; las películas de Christopher Nolan.

Sus personajes son de aquellos que se dejan llevar, que cierran su conciencia, que se entregan al sueño, a la perdida de la memoria o a la venganza.

De ahí deriva su oscuro sino.

En Memento el protagonista está irremediablemente condenado a repetir su historia, una y otra ves, y otra, y otra, y otra más…

Al Pacino está destinado a alcanzar el mayor descanso de todos: la muerte. Es la única manera en que pueda dormir en Imsomnia.

¿Y Batman?

¿Les parece normal un tipo que vive a la sombra de su padre asesinado y que adopte la forma del Murciélago -personaje arquetípico, ligado a la oscuridad y lo más bajo del ser humano- y que deba terminar su historia reconstruyendo la casa de su familia, ladrillo por ladrillo, abandonando la posibilidad de ser feliz al lado de su amada?

De esta manera, lo normal ante nuestros ojos aparece como sobrenatural, o como dicen los gringos: Supernatural. Me gusta esa palabra, porque en el fondo no lo cataloga como algo ajeno a la naturaleza humana, sino que esa misma naturaleza llevada al extremo, es súper.

Vean cualquiera de las películas de Batman -menos, por favor, la de los sesentas-, miren el murciélago, piensen en lo que representa y tal vez en la noche puedan escuchar su aleteo en la cabecera de sus camas.

O si lo prefieren inicien la odisea de encontrar Batman: Arkham Asylum y observen al hombre-murciélago como nunca nadie lo podrá imaginar jamás.

PD: Otro día hablamos del Joker… “qué hermoso diablo”
[2]





[1] Escrito por Grant Morrison. Ilustrado por Dave Mckean.
[2] EL GRAN IMPOSTOR. Guión por James Robinson. Dibujos por Christian Alamy.

sábado, diciembre 31, 2005

2005: EL AÑO DEL MURCIÉLAGO

Se ha sucedido dos meses y cuatro días desde mi última entrada, obviamente ha pasado mucha agua debajo del puente y he tenido fuertes motivos como para dejar este blog un poco botado.
Quieieras contarles que me publicarán algunos comentarios cinematográficos en la revista electrónica Piñon.cl (www.pinon.cl). Un sitio elaborado por jóvenes rockeros de Concepción, quienes de esta manera han abierto una nueva puerta de expresión para los musicos nacionales. Enhorabuena.
Faltan pocas horas para que finalice el 2005 y es de espera que el próximo año se equilibren un poco las cosas. Se supone que es el año del perro y este animal traerá justicia a este mundo. Si me preguntan a mí, el que finaliza es el año del Murciélago, no sólo porque pude reobservar las películas que se han realizado en torno al Hombre-Murciélago, sino porque Batman Begins, fue uno de los pocos aciertos que encontré este año en el cine made in Hollywood.
Además, se supone que el Murciélago es símbo de la parte más oscura del ser humano y me tocó verla parte oscura de algunos personajes innombrables.
Feliz Año Nuevo a todos ustedes que se encuentran en el ciber espacio, oajlá nos encontremos en algún lugar por ahí y al iniciarse el 2006 asumo el compromiso de ser más constante con este blog.

jueves, octubre 27, 2005

IMAGEN Y PALABRA

Ingresar a una sala de cine, con cabritas (pop corn, palomitas de maíz o como le llames), acompañado de una hermosa mujer, una coca light, tu mejor ropa, tus lentes para que no se te canse la vista, actitud sabihonda o de insulso pre escolar, todo eso implica un ritual. Abrir tu mente a una experiencia casi mística. Es conectarse con la mente del grupo de técnicos que trabajó la película, o dicho de otra forma, es prepararse como receptor del cúmulo de información elaborada por Otros, Ellos, distintos a uno.

Detrás de toda esa parafernalia (de imágenes, colores, ruidos, música, explosiones, movimiento, efectos especiales y todo aquello que uno piensa que conforma a un buen filme) se oculta otro tipo de información. El real mensaje de la película, conformado por aquel metalenguaje del que tanto hablan los eruditos de la comunicación.

Hay cierta información que está oculta en la última capa de información cinemática, que incluso puede estar velada para aquellas personas que la han elaborado y divulgado. Información que habla de nuestra concepción de la realidad, de nuestro experiencia con la Verdad (sí verdad con V mayúscula), de nuestro estrecho lazo con lo trascendente.

La llave a este mensaje puede estar oculta en un juego de palabras, en la postura de un personaje, en ese cuadro que aparece en el fondo de la casa, en cualquier parte.

Cuando recién me iniciaba en esto de conocer el cine, me topé con una película de segunda llamada MURDER BY DEATH, que me llamó la atención por su diseño que emulaba a las películas góticas de la Hammer y las de Corman; y con un elenco de primera encabezado por Truman Capote, Peter Seller, Peter Falk, David Niven y Alec Guinness en actuaciones que rayan en lo ridículas, pero llenas de genialidad (con ese humor inglés que no trata de ser simpático).

Aunque lo mejor de todo son los diálogos...

Alejandro Jodorowsky escribió un libro sobre la sabiduría de los chistes y creo que en MURDER BY DEATH hay mucha de la sabiduría chatarra de la sociedad capitalista de la segunda mitad del siglo pasado.

Por si no creen que en nuestra sociedad hay sabiduría, recuerden que Homero Simpson –elegido el Hombre de la Década en EE.UU.- alguna vez dijo: “Dios es el mejor personaje de ficción jamás creado”.

Por lo mismo, ahora les regalo alguna de las mejores frases de MURDER BY DEATH y ojalá coincidan conmigo en que están llenas de sapiencia.

Sam Diamond: Locked, from the inside. That can only mean one thing. And I don't know what it is.

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Jamesir Bensonmum: She murdered herself in her sleep, sir.
Dick Charleston: You mean suicide?
Jamesir Bensonmum: Oh no, it was murder, all right. Mrs. Twain HATED herself.

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Lionel Twain: You've tricked and fooled your readers for years. You've tortured us all with surprise endings that made no sense. You've introduced characters in the last five pages that were never in the book before. You've withheld clues and information that made it impossible for us to guess who did it. But now, the tables are turned. Millions of angry mystery readers are now getting their revenge. When the world learns I've outsmarted you, they'll be selling your $1.95 books for twelve cents.

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Tess Skeffington: His mother was a Roman Catholic, his father was an Orthodox Jew. They were separated two hours after the marriage.

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Dick Charleston: Up there, Dora, look - a blind butler.
Dora Charleston: Don't let him park the car, Dickie.

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Sam Diamond: The last time that I trusted a dame was in Paris in 1940. She said she was going out to get a bottle of wine. Two hours later, the Germans marched into France.

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Sidney Wang: Conversation like television set on honeymoon: unnecessary.

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Sidney Wang: Room filled with empty people.

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Sidney Wang: No pulse, no heartbeat. If condition does not change, this man is dead.

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Sidney Wang: Very interesting theory, Mr. Charleston. However, leave out one important point.
Dick Charleston: What's that?
Sidney Wang: Is stupid. Is stupidest theory I ever heard.

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Tess Skeffington: He had one daughter, thirty-two, her name's Irene, but she calls herself Rita.
Sam Diamond: Just like a dame.

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Sam Diamond: That was then, this is now, and nobody knows what tomorrow will be. That's the way things are, whether we like it or not.
Tess Skeffington: Oh, Sam, I worry about you sometimes. I really do.

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Sidney Wang: Big house like man married to fat woman: hard to get around.

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Jamesir Bensonmum: May I get your bags, sir?
Sidney Wang: Oh, no, no. Son will get bags. That is why I adopted him.

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Sidney Wang: Mr. Twain has macabre sense of humor, yes?

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Tess Skeffington: I don't feel good about this, Sam. Maybe tonight's the night your luck runs out.
Sam Diamond: Maybe so. There's a number on the wall for all of us, angel, and if tonight's the night they pick mine, so be it. After you, sweetheart.

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Sam Diamond: Now, if one of you gentlemen would be so kind as to give my lady friend here a glass of cheap white wine, I'm going down the hall to find the can. I talk so much sometimes, I forget to go.

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Sidney Wang: Never consider murder to be business, Mr. Diamond.

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Sidney Wang: Have admired you ever since I was tiny little detective.

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Sidney Wang: What meaning of this, Mr. Twain?
Lionel Twain: I will tell you, Mr. Wang, if YOU can tell ME why a man who possesses one of the most brilliant minds of this century can't say his *prepositions* or *articles!* "What IS THE," Mr. Wang! "What IS THE meaning of this?"
Sidney Wang: That what I said! "What meaning of this?"

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Lionel Twain: How do I look so young? Quite simple. A complete vegetable diet, twelve hours sleep a night, and *lots* and *lots* of makeup.

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Sidney Wang: Calm yourself. Man who argues with cow on wall is like train without wheels: very soon get nowhere.

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Lionel Twain: No wives! I refuse to discuss this with wives!

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Sidney Wang: Answer simple, but question very hard.

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Willie Wang: Why do I do all the dirty work, Pop?
Sidney Wang: 'Cause your mother not here to do it.

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Tess Skeffington: I'm scared, Sam. Hold me.
Sam Diamond: Hold yourself. I'm busy.

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Tess Skeffington: Twain picked up Sam in a gay bar.
Sam Diamond: I was working on a case! Working.
Tess Skeffington: Every night for six months?

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Sidney Wang: Someone just put deadly snake in room. Wake me when it come near bed.

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Dora Charleston: I want you to know, Dickie, that if you're the murderer, I'll still love you. I don't think it would be right for us to make love, but I'd still love you.

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Tess Skeffington: He was very good to me. He would take me to the circus and give me candy. We stopped going when I was about twenty-six. I'm sorry, Sam.
Sam Diamond: Twenty-six? What the hell kind of a circus was it?

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Willie Wang: Good night, Dad.
Sidney Wang: Should have adopted pussycat.

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Sam Diamond: I never did nothin' to a man that I wouldn't do to a woman.


Después de leer estos diálogos y de reírse un poco, qué podemos deducir al respecto. ¿No notan un pequeño desencanto y desprecio a todas aquellas cosas que considerábamos trascendentales como sociedad?

Ahora, miren un poco a su alrededor. ¿No notan que nuestra avanzada sociedad del tercer milenio siente el mismo desprecio por los temas trascendentales, por nuestro pasado ancestral y, en última instancia, por la vida misma?

El dinero ha ocupado una posición tan absurdamente importante, justificado por la razón, que todo lo demás interesa un comino. Nos contentamos con la ilusión de un juego absurdo del que somos el protagonista, pero que no nos lleva a ningún lado.
En la película el muerto era quien orquestaba todo el juego, en nuestra vida parece que alguien mató a Dios
[1].

Ojalá no terminemos como Mr. Wang que pensó que había desperdiciado un fin de semana. En cambio, nosotros habremos desperdiciado una vida.

[1] Al respecto, también les recomiendo leer EL MISTERIO RELIGIOSO de Grant Morrison y John J. Mutt

jueves, octubre 13, 2005

10 PIEZAS MUSICALES QUE CAMBIARON MI VIDA

¿Por qué me gusta la música deprimente? ¿Por qué me encanta entristecerme junto a melodías oscuras? La verdad, no tengo idea, puede que esta colección de álbumes tengan la respuesta. Estas son las obras que cambiaron mi vida o que compartieron conmigo una época de cambios.

Queen – Innuendo
Siempre hay un inicio para todo y este disco lo fue para mi, obviamente después escucharía otras obras maestras como A Day At The Race o el Queen I, pero Innuendo fue mi carta de presentación a Queen y de inserción en el rock.

Marilyn Manson – Mechanical Animal
Después de este disco Mr. Manson no volvería a ser lo mismo. El predecesor Antichrist Superstar me reventó la cabeza, pero este a mi juicio fue un paso evolutivo muy arriesgado y magistral. Su concepto me llegó hasta el fondo del corazón y lloré mucho con este disco.

Iron Maiden – Brave New World
El regreso de Bruce Dickinson y sus tres guitarras no son nada si miramos detenidamente sus letras, poesía hecha música. La canción que le da el nombre al disco me identifica mucho y encuentro que lejos es lo mejor de Iron –perdónenme los fanáticos-, pero si esta banda se atreviera a llevar un paso más lo que en ella propone ocuparía un sitial más alto en el rock.

Opeth – Blackwater Park
Este disco se puede describir con una sola palabra: oscuridad. Me gusta el black metal, pero lo que ha hecho Opeth con este estilo es insuperable. Ideal para cuando estoy deprimido.

Yes – Fragile
Si me preguntarán cómo describiría mis recuerdos de Santiago en mi época universitaria, yo diría: es como escuchar Fragile de Yes, caminando por la calle, como a las seis de la tarde, cruzando la Alameda y mirando un centenar de personas sin rostro.

King Crimson – In The Court Of The Crimson King
Debí de aburrir a Sandra con este disco. Si necesito belleza, King Crimson me la otorga con su extraña mezcla de sintetizadores, guitarras eléctricas y los bufones bailarines de la corte del Rey Carmesí.

Pink Floyd – The Wall
Cualquier siquiatra me prohibiría este disco, es mi peor adicción. Es la obra musical que más me destruye anímicamente, la que nubla mi mente y me hace olvidar de la alegría. Imprescindible cuando estoy absolutamente deprimido, como igual de imprescindible es para un suicida una pistola cargada.

David Bowie – Outside
Conocer el lado oscuro del ser humano es una travesía que muy pocos se atreven a realizar. Yo me atreví a dar un par de pasos en aquella región y mi banda sonora fue Outside. Mis amigos en aquella época eran los extraños personajes que habitan en este disco conceptual.

Héroes del Silencio – El Espíritu del Vino
Hay canciones que hoy me identifican –como Kayleigh de Marillion-, hay discos que hoy repito más –como Danzig II-, pero los Héroes del Silencio me abrieron las puertas a un mundo distinto, visceral, lleno de genialidad y con un alto grado etílico. Este disco representa mi despertar al mundo y el despertar de mi grupo de amigos más cercanos.

The Cure - Faith
Una tarde de lluvia, frío, melancolía, un río bajo un cielo gris, tristeza y temor ante lo que nos trae el mañana. Pero allá a lo lejos divisamos una pequeña lucecilla de esperanza. Puertas que se abren, a pesar de que son muchas más las que se cierran. Faith = Fe.

domingo, octubre 09, 2005

A MIS QUERIDOS LECTORES (UN REGALO)

Estas últimas semanas he pensado mucho en el cine y de hecho vi una peliculilla que merece ser analizada, pero no he tenido muchas ganas. Así que no he escrito nada. No obstante he recopilado un par de cosillas que pueden interesarles, son experimentos realizados en torno a una hoja blanca ante una buena melodía como tela de fondo. Ojalá les gusten… en cierta forma sirve para que conozcan al idiota que escribe estas cosas. O dicen por ahí que, en última instancia, un blog es como un diario de vida… bueno aquí les regalo parte de mi vida.
PARTE I: INTRODUCCIÓN (una advertencia cortesía de los Señores Wachowsky)
Morpheus: This is your last chance. After this, there is no turning back. You take the blue pill - the story ends, you wake up in your bed and believe whatever you want to believe. You take the red pill - you stay in Wonderland and I show you how deep the rabbit-hole goes.
PARTE II: POR EL CAMINO DE LAS FLORES
Para creer en el lobo, hay que tener una abuela. Recorrer un camino tortuoso y olvidarse de oler las flores.

A veces, leyendo distraídamente un libro, somos sorprendidos por unas líneas que nos sumergen en una especie de benéfico terror. Parece ser que sólo podemos comprender lo que ya conocemos... Gurdjieff dijo que las ideas necesitaban tiempo para ser comprendidas. La conciencia las guarda como un estómago de rumiante y poco a poco las va digiriendo hasta que las nuevas concepciones penetran el total del individuo. Pero, también, a veces, nos meten un “gol psicológico”. Algo nuevo irrumpe bruscamente en nuestro ser saltando toda clase de defensas. Y como toda nueva idea asimilada produce necesariamente un cambio, (“Cambio” igual a “muerte”) por inercia, nos aterramos.
Alejandro Jodorowsky

Sobre Ying xiong (Héroe, 2002) Directed by Yimou Zhang:
“Según he podido leer, la simbología de los colores iría de la siguiente forma: el rojo para la imaginación, el azul para la realidad percibida, el blanco para la verdad y el verde para la paz y la iluminación”.
César Ibáñez Chiarcos (
www.pasadizo.com)
PARTE III: REMEMORANDO A ROBERT (SMITH)
UNA CARTA PARA ALICIA

Alicia, ¿Has caminado por una calle vacía con la sensación de que está todo lleno de gente? ¿Has visto el rostro de los santiaguinos por la Plaza de Almas? ¿Me has visto desnudo, sentado en una esquina, observando el mundo y preguntándome: “cómo puedo dejar de perder la coherencia, cómo puedo adentrarme en la mente de los otros y decirles mírenme estoy aquí, piensen, es imposible que estén solos, dejen de llorar”?

Alicia, recuerdas cuando caminábamos junto por los rincones de mis sueños y tú me enseñabas que hay otro mundo, donde las cosas no caen sino que vuelan.

Recuerdas aquella vez que logré la cima de la montaña y tú me preguntaste: “¿Bueno, ahora qué hacemos?”. Yo abrí mis brazos, como alas imaginarias y me puse a volar…

Alicia, creo que me volví a caer, estoy otra vez en las faldas de la montaña, ahora me parece una cordillera. Por favor Alicia, necesito que me digas: “No pasa nada, abre tus alas, vuelve a volar, sólo has descendido un poco de altura”.

En estos momentos necesito una mentira, Alicia.

Como el sol, querida, yo regresaré algún día al cielo y volaremos juntos lejos del dolor y la pena. Hasta mañana, querida Alicia, Good Bye.
PARTE IV: NO HAY QUE CREER EN EL LOBO NI EN EL BÚHO ARTIFICIAL
Hay momentos en la vida que uno imagina un mundo lleno de sorpresas, de belleza, de magia por doquier. Hay instantes que uno sueña con la posibilidad de abrir la puerta del Edén y entrar en el paraíso del que nos alejó el Señor. Hay veces que pienso que todo es posible, que puedo hacer aquello que siempre quise… el problema es cuando despierto, cuando descubro que todo fue sólo mi imaginación, cuando trato de asirme a aquello adorado y veo mis manos vacías. Entonces me lleno de desaliento.

La experiencia más terrorífica es aquella cuando uno va abrir una puerta y sabe a ciencia cierta, el escalofrío en la espalda te lo asegura, que al otro lado hay alguien o algo maligno esperando por hacerte daño… giras el picaporte haciéndote de fuerzas para enfrentar lo más horrible… y descubres que tras el portal no hay nada… absolutamente nada… sólo tu maldita vida rutinaria.

El búho es una imagen de poder, un arquetipo, la representación de la sabiduría.

He mentido. He mentido a Dios, he mentido a mis hermanos, he mentido al Cielo y me he mentido a mi mismo. He dicho “Dios No Existe”, “No Hay Esperanzas”, “La Liebre de Marzo No Está Loca”.

Vehículos voladores nos llevan a un inframundo lleno de luces y luciérnagas, donde el hombre se conforma con la vaga sensación del vacío insensato. Donde toman café en cada esquina y compran mujeres vencidas. Se hielan los pies en esta esquina. Huelo a heces y orina. Me palpo los dedos y no me siento. Un taxi se detiene, es ella: Alicia. Me mira de reojo, siento un escalofrío en mi vejiga. Ríe y un líquido espumoso recorre mis rodillas.
PARTE V: UN SECRETO

Les cuento un secreto… ella no se llama Alicia… ella es una cortesana.
PARTE VI: EPÍLOGO (la salida)
Neo: Mr. Wizard. Get me the hell out of here.