Una vez, Mel Gibson recibió la mejor lección de cine del gran filósofo moderno, Homero Simpson: basta con colocar a un personaje con cara de malvado para rellenar todos los vacíos estructurales de un guión, para que el público lo entienda todo. En fin, para justificar casi dos horas de tedio.
Al parecer, John Moore, director de La Profecía versión 2006, captó muy bien esta enseñanza, ya que trata durante toda la película de justificar este remake innecesario con el ceño fruncido del joven Damien (Seamus Davey-Fitzpatrick).
Clásico inolvidable de las veladas nocturnas de Televisión Nacional, La Profecía original de 1976, es de esos filmes que a pesar de no ser obras maestras cumplen con su objetivo básico: entretener y, en este caso, provocar miedo.
Sucede que el director de esta primera versión es Richard Donner (Arma Mortal, Superman, La Maldición del Halcón, Maverick, Los Goonies), un tipo que a pesar de no ser un maestro sabe que lo suyo es entretener y lo hace bien. Junto con ello, logra que sus películas sean rememorables, pues a pesar del paso del tiempo uno cae en la tentación de ver nuevamente cualquiera de los filmes de su factura.
En el caso de La Profecía, Donner además invitaba al espectador a preguntarse sobre el tema del fin del mundo, del Apocalipsis y de la existencia del demonio. Uno no podía irse a acostar tranquilo, pues se quedaba pensando en la posibilidad de que estuviésemos en las postrimerías de la existencia de la humanidad.
En cambio, John Moore nos deja una gran deuda con esta nueva versión de la historia del advenimiento del Anticristo. Uno entra al cine esperando repetir la experiencia de la niñez, pero queda un tanto decepcionado, incluso el clásico recurso del susto ligero al ver una aparición repentina provocó más risa que miedo entre la gente que estaba conmigo en la sala del cine. Más allá de eso, no hay ningún momento en que un escalofrío nos recorra por la espalda, todo el rato es esperar que luego aparezcan los créditos finales.
Incluso, esperaba ver la relectura de los actuales acontecimientos de la humanidad reinterpretados como señales del armagedon, pero todo es contado tan burdamente que no merecen más análisis.
Es más, la versión original sugiere muertes horribles, más que mostrarlas. Por tanto, era esperable que el gore abundase en el 2006, pero salvo una breve excepción, la sangre brilla por su ausencia.
La verdad, esperaba mucho más. Ni siquiera la cara de malvado del pequeño Damien, acompañado por su fiel y demoníaco rotweiller, logró justificar el gasto en boleterías. Lo siento Homero, pero en esta ocasión tu máxima no rindió los frutos esperados.
Al parecer, John Moore, director de La Profecía versión 2006, captó muy bien esta enseñanza, ya que trata durante toda la película de justificar este remake innecesario con el ceño fruncido del joven Damien (Seamus Davey-Fitzpatrick).
Clásico inolvidable de las veladas nocturnas de Televisión Nacional, La Profecía original de 1976, es de esos filmes que a pesar de no ser obras maestras cumplen con su objetivo básico: entretener y, en este caso, provocar miedo.
Sucede que el director de esta primera versión es Richard Donner (Arma Mortal, Superman, La Maldición del Halcón, Maverick, Los Goonies), un tipo que a pesar de no ser un maestro sabe que lo suyo es entretener y lo hace bien. Junto con ello, logra que sus películas sean rememorables, pues a pesar del paso del tiempo uno cae en la tentación de ver nuevamente cualquiera de los filmes de su factura.
En el caso de La Profecía, Donner además invitaba al espectador a preguntarse sobre el tema del fin del mundo, del Apocalipsis y de la existencia del demonio. Uno no podía irse a acostar tranquilo, pues se quedaba pensando en la posibilidad de que estuviésemos en las postrimerías de la existencia de la humanidad.
En cambio, John Moore nos deja una gran deuda con esta nueva versión de la historia del advenimiento del Anticristo. Uno entra al cine esperando repetir la experiencia de la niñez, pero queda un tanto decepcionado, incluso el clásico recurso del susto ligero al ver una aparición repentina provocó más risa que miedo entre la gente que estaba conmigo en la sala del cine. Más allá de eso, no hay ningún momento en que un escalofrío nos recorra por la espalda, todo el rato es esperar que luego aparezcan los créditos finales.
Incluso, esperaba ver la relectura de los actuales acontecimientos de la humanidad reinterpretados como señales del armagedon, pero todo es contado tan burdamente que no merecen más análisis.
Es más, la versión original sugiere muertes horribles, más que mostrarlas. Por tanto, era esperable que el gore abundase en el 2006, pero salvo una breve excepción, la sangre brilla por su ausencia.
La verdad, esperaba mucho más. Ni siquiera la cara de malvado del pequeño Damien, acompañado por su fiel y demoníaco rotweiller, logró justificar el gasto en boleterías. Lo siento Homero, pero en esta ocasión tu máxima no rindió los frutos esperados.
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