Primera Parte:
EL ENCIERRO DE LOS MUERTOS VIVOS
Con casi cuarenta años de existencia, la obra del director George A. Romero podría ser considerada de muy baja calidad, sino fuera por sus tres obras más conocidas y esenciales; la trilogía de los muertos vivos.
Cualquier comentario que se precie, debe iniciar su análisis por Night Of The Dead (La Noche de los Muertos Vivos) que está incluida en todo ranking de las mejores películas de la historia del cine.
Realizada en 1968 con muy poco presupuesto, este filme marcará pautas para cualquier obra de terror que se haga con posterioridad. No sólo influirá para la creación de una cantidad ilimitada de películas con la palabra Dead en su título -la mayoría de ellas de dudosa calidad, aunque los acérrimos seguidores del cine fantástico digan lo contrario-, sino que será la primera tésis de lo que después será un lugar común en el género: el encierro.
No sólo de buenos ángulos vive el cine, esta cinta los tiene en abundancia. Se nota que es una obra prima, el director se atreve a romper esquemas, a llevarnos por senderos nuevos y a probar con ideas antes prohibidas. De ahí que haya trascendido tanto y que los críticos no dudaran en considerarla una obra maestra. Incluso se llegan a perdonar el uso de una fotografía en blanco y negro bastante descuidada, y la utilización de una música que nos esté en perfecta sincronía con la imagen.
Los créditos nos muestran el recorrido de un automóvil por un camino sinuoso y enrevesado, instándonos a recordar las rutas que los héroes clásicos debieron seguir antes de llegar al Olimpo.
La cinta empieza con el clásico esquema de Alicia en el País de las Maravillas, salvo que el conejo blanco es intercambiado por un cadáver que camina y que se alimenta de los vivos. Tal como en la obra de Lewis Carroll, nuestra protagonista se internará en un mundo “maravilloso” que al final de cuentas nos permitira ver nuestra realidad con otros ojos.
Llamémosle la Teoría de Alicia, es un recurso muy utilizado por el cine fantástico, sólo cabe mencionar la súper-inflada Matriz o la intimista El Silencio de los Corderos. En ambas existe un personaje sorprendente -casi extraño, dentro de la categoría freudiana- que nos conduce a otro lugar -el que Neo se meta a un espejo es sacado de Alicia a través del Espejo- el que es totalmente distinto y que nos abre los ojos -Alicia tras salir del País de las Maravillas está feliz de volver a casa y aprecia todo lo que antes le repelía, así como Clarece Sterlin al final se regocija con aquellos que consideraba inferiores-.
Así en la Noche…, nuestra Bárbara, que manifiestamente declaraba que su vida era inocua y vacía, que el visitar a su padre otrora fallecido es una verdadera lata -espeluznante visión del quiebre generacional entre padres e hijos que se produjo en esa década-, y que sólo pelea con su hermano; es conducida por un tipo blanco y elegante, pero que está bien muerto, a un mundo de horror y fantasía.
Detengámonos un momento aquí, cabe cuestionarse si el País de las Maravillas era tan tierno y hermoso como lo pintó Walt Disney, especialmente si Alicia casi muere asesinada y se pasa casi todo el tiempo asustada y llorando. Quizás por lo mismo, el cine de horror ha adoptado tan bien este esquema dramático.
De igual manera, Bárbara no entra en una realidad ensoñada, sino en una pesadilla de la que lamentablemente nunca escapa. En este sentido, es el autor el que sigue el camino de Alicia y es quien logra regresar a casa con la certeza de que nuestra realidad es mucho mejor.
Tras la primera parte de la película, entramos de lleno al leit motiv del filme: el encierro. Cuestión que mediante una serie de alegorías se le compara con lo que es el Infierno. En este sentido, nos recuerda mucho a los escritores existencialistas de mediados del siglo pasado, que veían en el otro la causa de todos nuestros males. ¿No fue Hobbes quien escribió que el hombre era un lobo para el hombre?
Pero antes de llegar a este punto, Romero nos muestra una serie de clases o tipos de encierro, que se asemejan mucho a lo descrito por Dante Alighieri en la Divina Comedia y sus siete círculos infernales.
El primer círculo está compuesto por la vida monótona de estos dos hijos -Bárbara y John- que obligados por su madre deben cumplir el ritual de visitar a un padre que ya no recuerdan.
Tras la irrupción de lo extraño en la vida de Bárbara, ella debe encerrarse en una casa. La reclusión ahora no sólo es espiritual, sino también física.
Nuestra heroína al perder la lucidez, entra de lleno a otro tipo de aislamiento: el mental. Bárbara pierde su cordura, símbolo de que hemos entrado a un nuevo círculo del infierno.
Cooper, su mujer y su hija, están enclaustrados en un sótano. Sólo tiene una puerta para ingresar en esta habitación subterránea. Se le nota a simple vista y por sus actitudes y decisiones que está experimento un cuarto tipo de encierro, distinto a los demás.
La televisión nos muestra qué ocurre en todo el mundo, lo que creíamos que era una situación aislada de un grupo de personas agarra otro derrotero muy distinto: aunque nuestros héroes escapen de la casa, siempre seguirán confinados a la pesadilla de los muertos vivos que comen carne humana.
La tragedia de los muertos vivos, desde un punto de vista occidental influido por una tradición judeo-cristiana, radica en que las promesas de una resurrección no son cumplidas. En cambio, los zombies regresan a la vida presos de su corporalidad y de su instinto más básico: el de la supervivencia, el de tener que alimentarse, peor todavía deben alimentarse de carne humana si quieren seguir “viviendo”. No en vano, con posterioridad se dirá: cuando el infierno está lleno, los muertos caminarán sobre la tierra.
Por último, el discurso romeriano se mostrará de manera totalmente explícita en la última parte de la película, cuando los héroes dejen sus máscaras y exhiban al lobo que llevan dentro. No sólo se trata de que Cooper trata de arruinar a Ben, sino que éste en venganza le quita la vida: se trata de la supervivencia del más fuerte.
Esto condimentado con una sarcástica mirada del racismo que existe en la tierra, pues los policías que están erradicando los zombies de la faz de la tierra no se detienen a verificar si Ben es humano, lo eliminan rápidamente por el color de su piel.
Todo el horror de la raza humana y de este séptimo círculo infernal se encarna en los últimos fotogramas de la película, que congelados exponen lo ruin que es el ser humano.
Película pesimista y de visión trágica, La Noche de Los Muertos Vivos no da pié para una luz de salvación. Sino que nos abofetea en la cara con su discurso de horror y barbarie, donde ningún lugar es mejor que otro en este infierno llamado Tierra.
Continuará...
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